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Nour Salameh: “La revolución en Siria fue como un despertador, descubrimos libros y autores prohibidos, y una parte de nuestra historia que jamás nos contaron”

Nour Salameh (Homs, 1982) es estudiante siriana de doctorado de la Cátedra UNESCO de Diálogo Intercultural a la Mediterránea de la URV. Tuvimos la suerte de conocerla en una conferencia titulada Educación y derechos humanos: el conocimiento científico al servicio del bienestar al mundo. Éste es el testimonio de una persona que decidió huir de su país hace 6 años. En un momento en que todas las informaciones que nos llegan de Siria nos hablan de guerra y refugiados, su voz se está convirtiendo en un referente y realizar esta entrevista ha sido todo un privilegio.

El encuentro se realiza en una tranquila y céntrica terraza de Tarragona. 

Esta es la última entrevista de la temporada. Muchas gracias a todos los lectores por seguir apoyando proyectos como éste. 

Antes de llegar a Tarragona habías trabajado como traductora en la Agencia Árabe Siria de noticas (SANA). De esta experiencia siempre destacas dos cosas: Por un lado, que la Agencia era una máquina de decir mentiras y, por otra, que te sentías como en la novela de 1984 (George Orwell), aquella en la que todos los empleados están controlados, tanto dentro como fuera de su oficina por una especie de Gran Hermano gubernamental.

Sí, pero para mí todo aquello era normal porque yo ya nací en una dictadura. Cuando naces en ese contexto, no entiendes muy bien qué es una dictadura y el hecho de que todo esté controlado lo ves como algo normal. La agencia era el único centro de información del estado y sus noticias estaban filtradas por el cuerpo de Inteligencia del régimen.

¿Qué tipos de mentiras se podían llegar a difundir?

No se podía decir nada que afectase negativamente al régimen. Incluso se vigilaba el lenguaje que se usaba. Por ejemplo, el Ministerio de Defensa israelí era, para nosotros y debido a la rivalidad entre los dos países, el Ministerio de Guerra.

¿Y este control en el lenguaje lo veíais como algo normal?

No. Cuando empezó la revolución de Siria, todo era un choque para mí. Descubrí un montón de libros y autores prohibidos, sobre todo de la llamada literatura de los presos. Piensa que yo no conocía nada de la historia de mi país desde la independencia (1946) hasta la llegada del As-Assad (1970). Con la revolución empezamos a intercambiarnos estos libros prohibidos, entre amigos, grupos, etc. Para mí todo aquello fue como un despertador.

Este despertador fomentaba también que salieseis más a la calle a manifestaros.

Sí, pero había mucho miedo… Desde el primer día hubo balas y, a los 3 meses, tanques en las manifestaciones. No se puede imaginar el nivel de la violencia aplicado en Siria. En Damasco había las llamadas manifestaciones volando. Se llamaban así porque, era tal el poder de represión y violencia, que en las manifestaciones la gente apenas se podía agrupar durante 20 segundos y luego empiezan a correr, a volar, para que no le cogiesen las balas. También fue una época de mucha creatividad, recuerdo una vez un evento en Facebook en el cual se convocaba a la gente para que saliese a la calle con camisa blanca, sin juntarse, sólo eso, salir a la calle con camisa blanca. Yo salí y vi mucha gente.

Pero insisto en lo del miedo. Había controles de seguridad del ejercito por la calle. Te llegaban a mirar si, por ejemplo, tenías alguna canción revolucionaria en el móvil. Tal era el miedo que el hecho de poder cantar una canción revolucionaria en plena calle, pero dentro en el coche y con las ventanas bien cerradas, ¡era todo un acto de liberación!

El primer discurso de Al-Assad después de la revolución, lejos de prometer mejoras, fue tratar a los manifestantes como terroristas. Por eso nos fuimos de Siria. Nos fuimos pensando que, en unos meses, quizás en un año, podríamos regresar; porque el mundo nos ayudaría a solventar el problema. Era tan naif…

Lo que empieza siendo una revuelta popular que, ni tan siquiera se planteaba una salida del Bashar Al-Assad sino una reformulación del modelo sociopolítico, acaba en la situación actual donde tienen cabida intervenciones de todas las potencias en el mundo, ya sea de forma directa o indirecta. ¿Esto era imaginable?

No, todo aquello fue un choque para mí. Yo ya llevo 6 años esperando volver.

“La violencia en Siria es inimaginable, Bashar Al-Assad trata a los manifestantes como terroristas”

Según la web Syrian Network for Human Right el 92% de los civiles asesinados en Siria durante el periodo marzo 2011-2017 han sido en manos del propio régimen.

Sí, claro. Piensa que el régimen es también quien pone a toda la gente en el Ejército. Hay una cosa que mucha gente no sabe y es que los jóvenes y hombres sirios que están aquí han venido porque no quieren formar parte del ejército sirio. No quieren matar o ser asesinados. El servicio miliar es obligatorio en Siria y ahora está ampliado, con grupos paramilitares. Ya hay el 90% de la infraestructura de Siria destruida.

Una de las reflexiones que destacas en tu tesis es una frase de Omar Aziz: “(…) una revolución requiere de una estructura social flexible que se basa en la colaboración entre la revolución y la vida cotidiana de los seres humanos. Esta forma de estructura se llamará: el Consejo Local”. Esto es muy importante y es que a pesar de la situación dramática del país, existen muchísimas estructuras político-cívicas, iniciativas civiles (proyectos humanitarios, de desarrollo, culturales) que buscan crear gobiernos locales en aquellas zonas donde el Régimen de Al-Assad no llega.

Sí, y no solo Omar Aziz, hay también otros activistas. La gente necesita comer para poder seguir manifestándose. Hay zonas donde el régimen no llega en que los servicios están todos colapsados. ¿y cómo se puede organizar todo esto? En este contexto, es necesario crear una alternativa. Esta alternativa se crea o a través de elecciones o a través de acuerdos con las líderes de los barrios. Lo que aquí es realmente importante son los cambios sociales que estos Consejos Locales están consiguiendo. Por ejemplo, yo tengo 35 años y nunca voté ni sé lo que es democracia. Ahora la gente en Siria, gracias a estos Consejos, pueden decir sí los Consejos están bien o mal construidos y votar por eso. Se está creando una cultura de elección, los ciudadanos están aprendiendo que tienen una voz. Hay un movimiento.

De aquí sale la reflexión sobre qué utilidad puede tener una manifestación en la que se reclamen valores genéricos y teóricamente ya arraigados a la sociedad (democracia, libertad, etc.) sin ningún tipo de programa que ofrezca una alternativa política detrás. Históricamente se ha criticado, por ejemplo, qué impacto real tubo el mayo del 68 o, más recientemente La nuit debout francesa…

En Siria antes no había ningún interés de hablar de estos Consejos Locales, pero esto ha cambiado y, des del año pasado, se ha visto que estas personas tienen la legitimidad popular. La gente les cree, les apoya y esto permite crear canales de diálogo e intentar crear un enlace entre la oposición nacional y los consejos locales.

“Gracias a los Consejos Locales se está creando una cultura democrática en Siria, los ciudadanos están aprendiendo que tienen voz”

Ante este tablero, con multitud de Consejos Locales, algunos con funciones iguales o similares, con ayudas, o no, de países terceros y en un contexto tan difícil de trabajar… ¿Existe un problema de competencias entre los propios Consejos Locales?

No, porque ya se han creados consejos de distintos niveles: locales, provinciales… Estos Consejos Provinciales coordinan e intercambian ideas.

Hablemos ahora de la salida del país. En muchas de tus conferencias destacas que hay muchos mitos que romper alrededor de la figura del refugiado y uno es que no se puede mirar a todos como un grupo homogéneo.

Claro, cada persona que está huyendo de su país es individual, y tiene su historia. Hay muchos niveles: Personas que huyen de una guerra, otras que lo hacen por alguna situación económica adversa, etc. En mi caso yo tengo el privilegio de haber acabado mis estudios y hablar idiomas, pero hay otras personas que huyen y que son analfabetas. Dentro de una sociedad refugiada, hay muchos niveles de personas, y hay que tratar estas personas de forma diferente. Por ejemplo, sabemos de hostales en Barcelona donde se ponen todos los refugiados sirios juntos, mezclando oponentes y favorables al Régimen. Esto muy peligroso.

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Valoras muy positivamente la voluntad de los países de acoger a refugiados, pero haces hincapié en que esto tiene que ir acompañado de un programa de acogida que ayude a la integración de la persona en el país, y no abandonar ésta a su suerte.

Sí, por ejemplo, conozco el caso de una entidad que tiene en acogida una familia analfabeta del norte de Siria. Esta entidad no entiende que, después de un año y medio esta familia no hable español. Pues esto es normal necesitan más atención y tiempo. Esta familia seguramente tiene amigos o familiares en una zona de conflicto, donde caen bombas de forma diaria. Esto supone una carga psicológica brutal… Así no es fácil que puedan aprender español.

“Cada persona que está huyendo es individual y tiene su historia. No podemos tratar a todos los refugiados como un bloque homogéneo”

Estos programas de acogida suponen un reto, debido a la heterogeneidad de las personas que acogen. Está tu ejemplo u otros como el de una familia que tiene el padre que es ingeniero y habla inglés perfectamente, pero que su hijo, de 8 años, jamás ha podido ir a la escuela…¿Cuál es tu experiencia? ¿Como se trabaja este proceso de integración?

Para empezar, yo formaría comités con personas que hablen el idioma. Pero el idioma del país. Otro problema de estos programas de acogida es el idioma, poniendo, por ejemplo, el caso de una traductora de Marruecos para familias sirias. ¡Su árabe es totalmente distinto! Y lo digo con todo el respeto, sé que estas asociaciones de acogida hacen un trabajo enorme. Pero el problema también es éste. Es que, quizás, esta traductora también acompaña a la familia al psicólogo. Un psicólogo necesita crear unos vínculos emocionales con la familia. Si el psicólogo no sabe nada de tu país, ni de tu situación, ni habla tu idioma…

Las buenas intenciones a veces pueden ser nefastas y producir efectos negativos. Hay que incluir la sociedad civil en este proceso de integración. Conozco muchos casos de sirios refugiados aquí, en que su mayor apoyo han sido el de los propios vecinos y de la sociedad, no del gobierno.

“Hay que incluir a la sociedad civil en el proceso de integración de la persona refugiada”

Esta serie de reformas que propones requieren, en definitiva, de más recursos. ¿Pero crees que el fondo de la cuestión es, únicamente, una falta de recursos? ¿O esto va más allá y es fruto de una política pública generalizada? Y, relacionado con esto, ¿qué papel crees que debería tener la cooperación internacional? Actualmente, y esta es mi opinión, la cooperación internacional está sirviendo de maquillaje de la mala praxis de la política pública.

Estoy totalmente de acuerdo. Yo creo que hay que preguntar a la gente que qué quiere. Creo que falta medición cultural y, a la hora diseñar cualquier programa de respuesta a una crisis humanitaria, hay que preguntar a las personas que ya conocen el contexto y diseñar los programas según la necesidad de cada región. Tenemos que diferenciar una persona que viene de Siria, huyendo de una guerra, que otra persona que proviene de otro país, por razones económicas, pero que no está huyendo de las bombas.

¿Qué opinas del trabajo de los grandes organismos abanderados de la cooperación internacional?

La revolución en Siria lo cambio todo para mi… Incluso el punto de vista de estos organismos. Hay entidades como Cruz Roja o Médicos sin Fronteras que sí, es cierto, no tratan las crisis humanitarias como negocios. De hecho, yo fui voluntaria en Media Luna Siria, pero ahora encuentro terrible que esta entidad no pueda denunciar los casos de violación de los derechos humanos con los que se encuentra.

De hecho, Médicos Sin Fronteras nace a raíz de la separación con Cruz Roja después de que algunos miembros considerasen oportuno denunciar lo que estaba pasando en la guerra de Biafra (1971) y que, por los estatutos de la Cruz Roja, no podían.

Sí, y por eso respeto el trabajo de MSF, porque no se puede callar la violación de los derechos humanos. Esto es la única cosa que me aleja del movimiento de la Cruz Roja. Ya no quiero callar, la acción humanitaria es también tratar con dignidad a las personas que ayudas y reconocer su agresor.

“La acción humanitaria es también tratar con dignidad a las personas que ayudas y reconocer a su agresor”

Hablemos de tu llegada a Tarragona. Eres estudiante de la Cátedra UNESCO de Diálogo Intercultural a la Mediterránea de la URV. ¿Cuál es el trabajo en esta Cátedra?

La Cátedra me ha ayudado a hacer charlas y dar a conocer mi caso. Estoy intentando que no nos limitemos a hablar únicamente de la crisis de los refugiados. Porque éste no es un fenómeno natural, es una crisis que tiene raíces y la gente tiene que saber cuáles son estas raíces.

Me parece muy interesante la comparación qué haces entre el uso de las redes sociales aquí y el uso que se le da en Siria.

Sí, para nosotros Facebook sirve para denunciar cosas, para ver las noticias lo más verificadas posibles, para encontrar otros refugiados, etc.

Conseguís encontrar un espacio donde hacer comunidad.

Sí, yo por ejemplo fui profesora de francés, con Skype, de una escuela que fundó una señora palestina para niños refugiados. También existen páginas en Facebook donde los artistas pueden mostrar sus trabajos artísticos sobre la revolución.

Última pregunta, ¿por qué haces esto? ¿Qué es lo que te motiva?

 Lo que me motiva es que considero que no es justo todo lo que está pasando y que la gente no lo sepa. De todo esto, pase lo que pase en el futuro, va quedar una memoria, porque Siria no es el primer país ni será el último donde ocurra esto. Con el caso de Siria estamos aprendiendo lecciones muy interesantes de la resiliencia civil y yo quiero documentar esto para el futuro, porque tampoco entiendo lo que está pasando en mi país.

He conocido mucha gente muy válida que su voz ha sido ocultada. Pues bien, con mi tesis también quiero que su voz sea escuchada. Nos limitan a dos opciones, o bien somos del dictador o bien somos de los extremistas ISIS. Y no, nosotros tenemos el derecho a tener una democracia y una libertad. Y creo que mi tesis es una contribución pequeña para hacer llegar esta voz.

“Intento que no nos limitemos a hablar de la crisis de los refugiados, porque éste no es un caso natural ni único en la historia, y la gente tiene que saber las raíces de esto”

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Fotografías de Carol Garrido

Entrevista realizada por Josep Alcoceba

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