Mujeres veladas: El nou article del Doctor en sociologia Ángel Belzunegui

El último atentado terrorista en Nueva Zelanda, en la ciudad de Christchurch, dejó más de 40 muertos y heridos, perpetrado por la extrema derecha contra lugares de culto musulmanes. El odio religioso, como el nacional, no tiene fronteras, aunque en el segundo caso parezca una paradoja. Miles de ciudadanos y ciudadanas neozelandesas se concentraron en silencio para denunciar la atroz masacre con posterioridad al atentado. Pero lo que más me llamó la atención fue la manera en que fue llamada la población (femenina) neozelandesa a mostrar su rechazo: poniéndose un velo en la cabeza. La primera ministra Jacinda Ardern, encabezando el duelo, se cubrió el cabello con un velo en solidaridad con la comunidad musulmana, ejemplo que siguieron centenares de mujeres que denunciaban la atrocidad del asesinato masivo. Este hecho, como una forma de expresar la solidaridad con la comunidad musulmana, parece que pasó desapercibido ante los medios. Y, lo que me parece aún más inaudito, fue reivindicado como un gesto empático con dicha comunidad. No siento disentir profundamente de dicho gesto. Que las mujeres occidentales (las neozelandesas lo son) adopten un símbolo de sumisión patriarcal como es el velo para denunciar el terrorismo de extrema derecha contra la comunidad musulmana, me parece un despropósito. La iraní Shirin Ebadi, Nobel de la Paz en 2003, lleva toda una vida denunciando el maltrato institucional y político de las mujeres iraníes, maltrato que incluye la obligatoriedad de cubrirse la cabeza (incluso a las extranjeras), por razones religiosas que en exclusiva interpretan los hombres. Recientemente la iraní Nasrin Sotoudeh se enfrenta a una condena de 33 años de prisión y a recibir 148 latigazos por su activismo en favor de los derechos humanos, y en concreto su reiterada petición de que las mujeres iraníes puedan decidir libremente el uso del hiyab. Las mujeres saudíes que reclaman más libertad e igualdad, demandan que el uso del velo (del tapado en todas sus variantes) sea exclusivamente voluntario. Por esta petición hay decenas de mujeres represaliadas, en la cárcel, incluido el repudio de sus cónyuges y la pérdida de la patria potestad de sus hijos. En Yakarta, capital de Indonesia, han sido procesadas y condenadas a latigazos mujeres manifestantes en contra del velo obligatorio. La lista es interminable en todos los países en los que el islam es religión oficial. Muchas mujeres de cultura musulmana, en todo el mundo, son suficientemente valientes como para denunciar el patriarcado religioso que soportan y que las convierten en personas inferiores en todos los órdenes de la vida. El velo (el tapado), sea la forma que sea la que adquiera, es el recordatorio visual diario de que, efectivamente, su papel en la sociedad ha de ser un papel subordinado a las querencias y apetencias de los hombres. Es la expresión de la sumisión en estado puro, en el estado más primitivo, más evidente. ¿Cómo es posible que mujeres instruidas, políticamente activas, que creen en la democracia liberal, en la igualdad de derechos y de oportunidades, adopten un símbolo de sumisión patriarcal sin precedentes para denunciar un atentado contra una comunidad religiosa? Sólo encuentro una explicación después de ver, perplejo, las manifestación en la que algunas mujeres neozelandesas adoptaran este símbolo de opresión: o se trató de una perfomance (lo cual sería de extrema frivolidad) o verdaderamente se creyeron en la necesidad de vestir un pañuelo, una tela, que significa lo contrario por lo que han luchado las mujeres desde hace dos siglos: por quitárselo. No sé qué me inquieta más. Por este motivo, la manifestación contra el atentado de Nueva Zelanda nos deja un mensaje agrio y poderoso: nos encontramos en una situación en la que algunos y algunas son incapaces de discernir los verdaderos valores que sustentan el liberalismo político. En algunos casos, esto tiene que ver, y mucho, con la ignorancia rotunda de nuestros representantes (sean españoles, catalanes o neozelandeses). En otros, con una mezcla de revisionismo culturalista que considera que cualquier expresión cultural es buena por naturaleza. He aquí la inmensa paradoja de convertir lo cultural en ley natural. De aquí que se entiendan por equivalentes todas las expresiones culturales, tanto aquellas que invisibilizan realmente la opresión y el dominio patriarcal, como es evidente en todos los países de mayoría musulmana, como las que reivindican derechos de las mujeres en todos los órdenes de la vida. Ajenos al debate intelectual e inmunes a la razón, todos los partidos buscan para estas elecciones a una mujer velada para incluirla en sus listas y en su fotografía de grupo. Ajenos también a la dura y persistente lucha feminista, y con enormes consecuencias represivas, que llevan las mujeres contrarias a ser veladas en las sociedades musulmanas. Escaso favor les hacemos a estas combatientes de la libertad aceptando que el velo entre a formar parte de la normalidad de nuestras vidas.

Ángel Belzunegui

Deja un comentario