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Blog: Islam, Occidente y la socialización diferencial

El choque de civilizaciones no es únicamente un conflicto entre naciones alineadas a una civilización. No solo es visible con claridad en los denominados “espacios de fractura” o de contacto histórico entre civilizaciones (por ejemplo los Balcanes). Debido a la incesante migración sur-norte y este-oeste, el conflicto entre civilizaciones se manifiesta también a un nivel más reducido y toma como escenarios las ciudades y barrios de las ciudades europeas, principalmente. Europa se ha convertido en escenario de dos conflictos paralelos: la pugna intracivilizatoria en el islam por la hegemonía del mismo y el conflicto entre determinadas formas del islam y Occidente.

Hay un hecho de partida que juega un papel perentorio a tener en cuenta en las tensiones culturales en el seno de las sociedades occidentales, la desigual socialización de la población respecto a las estructuras democráticas y de orientación hacia valores democráticos. Este es un hecho constatable al que se le dado poca importancia en la relación entre comunidades. Y no es un hecho menor, sino que afecta directamente a los espacios de convivencia. Este hecho manifiesta las líneas de fractura en las ciudades europeas. En este sentido la gran mayoría de la población procedente de culturas no occidentales no ha tenido experiencias de socialización en los valores que predominan en los países occidentales, la democracia, la separación de poderes, la libertad individual y el ejercicio de los derechos individuales. Esto requiere un aprendizaje incorporado en el sistema educativo, en la práctica del asociacionismo cívico y en el ejercicio de derechos democráticos. Para Occidente este es un tema clave de ciudadanía política y social, por eso se trabajan desde la infancia los valores que se asocian a esta forma de convivencia. Forma parte del ethos civilizatorio de la cultura occidental. Se podrá discutir si estos valores occidentales son o no universales, pero lo que es indudable es que forman parte de una estructura enraizada en Occidente. El resultado general es el de sociedades democráticas, a pesar de las imperfecciones de los distintos sistemas de regulación. En líneas generales podemos afirmar que las sociedades occidentales comparten una idea similar del funcionamiento de las instituciones y del papel que la ciudadanía juega en su funcionamiento. Esto es ajeno a las culturas no democráticas y en consecuencia, las poblaciones que no han tenido esta socialización carecen de recursos que les permitan asumir automáticamente dichos valores. Bien es cierto que en culturas democráticas puede haber grupos sociales y políticos contrarios al ideal democrático, ejemplo de ello es el aumento de las plataformas de extrema derecha en Europa y en EEUU. También es cierto que hay inmigrantes que se acomodan de forma inmediata a la forma de vida de las sociedades occidentales, asumiendo sus valores y ejerciendo los derechos y obligaciones que se derivan de la convivencia democrática. Sin embargo, hay ya muchos indicios de que las personas que optan por un replegamiento cultural identitario suponen un obstáculo para su propia integración en las “sociedades abiertas”, por utilizar la expresión de K. Popper. Esta situación es especialmente visible por lo que respecta a los derechos de la mujer en cuanto a ciudadana. El rechazo de las comunidades musulmanas a que las mujeres gocen de los mismos derechos que los hombres en las ciudades europeas pone de manifiesto el cabalgamiento de una cultura reduccionista de los derechos frente a una cultura que impulsa la igualdad. Se trata de las formas de vida vinculadas a la aceptación o negación de estos derechos de igualdad. Cuando determinados alcaldes franceses prohíben el burkini en el verano de 2016 aducen motivos como los higiénicos o la provocación, o la situación de excepcionalidad tras los atentados de París, Normandía o Niza. Y este no es el factor determinante, sino que lo verdaderamente relevante son los derechos de la mujer que a todas luces se ven limitados por una cultura que les impide mostrar sus cuerpos porque la religión lo prohíbe. Es aquí donde reside la cuestión fundamental, mostrar abiertamente una cultura religiosa en los espacios públicos que demanda a la mujer una vestimenta que los varones de su religión, los que interpretan el islam, consideran pecaminosa y ajena a las normas de conducta islámicas.

Las diferencias de socialización se manifiestan en conflictos que afectan la vida cotidiana de las personas y la convivencia en ambientes plurales. Estos conflictos interrogan continuamente las sociedades occidentales y las ponen en situaciones de tensión sobre la necesidad de regulación de las prácticas ajenas a la cultura occidental. Esto es considerado por algunos como una necesidad para ir avanzando y profundizando en la tolerancia y el respeto a otras formas culturales, esto es, para profundizar en la calidad democrática de las sociedades receptoras. Sin embargo, esta permanente tensión erosiona las estructuras de legitimidad de las propias sociedades y las hace vivir en un precario equilibrio que tiene consecuencias no deseadas, como el crecimiento de las opciones políticas de rechazo a la inmigración.

Article del Dr. Ángel Belzunegui Eraso

Publicat el dia 08/09/16 en el seu blog personal

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